Sicarios matan de tres balazos a joven trabajador en La Esperanza. Le dispararon sin compasión en el cuerpo y en la cabeza
TIRO DE GRACIA
El sábado volvieron los crímenes a las siempre peligrosas calles de La Esperanza, aunque esta vez, a diferencia de otras, los homicidas no esperaron que sea de noche para ocultar sus rostros o pasar desapercibidos; al contrario, actuaron con el sol a pleno, justo antes del mediodía. El protagonista de esta nueva historia de violencia es un muchacho de 25 años de nombre José Alexander Saldaña Risco, trabajador de la empresa DANPER.
La vida de Saldaña se apagó ante una ráfaga de balas cuando se encontraba en la calle, a unas cinco cuadras de su vivienda.
Fueron tres proyectiles los que le causaron la muerte en segundos. Dos de ellos le impactaron en el cuerpo. El último le perforó la cabeza. Por este disparo, tiro mortal con el que las bandas suelen ajustar cuentas entre ellas, la Policía cree en la hipótesis de una cruel venganza en su contra, y no de un robo.
Sin embargo, las causas aún no están del todo esclarecidas. Se sospecha, en efecto, que Saldaña haya sido miembro de alguna organización criminal, pero esta información no ha sido confirmada todavía.
El crimen sucedió a las 11.40 a.m., en la cuadra 11 de la calle Antonio Merino, parte alta del distrito. Se sabe que Saldaña caminaba por ese lugar de lo más tranquilo, sin presagiar el destino fatal que le aguardaba.
DESDE AUTO ROJO
Sobre las personas que se encontraban con el muchacho hay dos versiones. La primera de ellas (que para la familia es la más certera) da cuenta de la presencia de una mujer en la escena del crimen.
Nadie sabe nada sobre la misteriosa acompañante de Saldaña, solo que sostenía un bebé en brazos. Cuando los homicidas aparecieron en el lugar, a bordo de un Volkswagen rojo, la sospechosa se apartó, como si hubiese sabido el por qué de la presencia de aquellos sujetos, o como si hubiese intuido la misión que buscaban concretar.
Para alimentar aún más el misterio, la mujer en cuestión desapareció tras el asesinato. Realmente sospechoso.
“Lo que pensamos es que ella lo sacó con engaños de la casa y lo llevó por ese lugar para que allí lo maten. En todo caso la Policía debe buscarla e interrogarla, porque tiene mucho que explicar”, expresaron los parientes del finado.
Vale precisar que Saldaña estuvo en su domicilio justo antes de morir. Nicol Rengifo, su conviviente, lo vivo por última vez. Eran las 9.30 a.m. cuando se despidió de él.
“Yo todos los días voy a la casa de mis suegros a cocinar, y a eso de la 1.30 de la tarde vuelvo con la comida para él (para Saldaña). Ayer (el sábado) hice lo mismo. Me despedí de Alexander y salí de casa. Me dijo que iba a estar allí, que no tenía pensado salir a ninguna parte”, narró la joven, angustiada por la pérdida.
Como vemos, Saldaña sí salió finalmente de su domicilio. Salió pero nunca más regresó, al menos no vivo.
VENGANZA
La otra versión surgida en torno al caso señala que el muchacho estuvo con otros cuatro jóvenes cuando los homicidas lo atacaron sin piedad. El trabajo de esos cuatro sospechosos era el de ‘centrarlo’, o de dejarlo en la mira para que los asesinos puedan cumplir con su trabajo.
De estas cuatro personas tampoco se sabe nada, de modo que hasta el cierre de esta edición las causas del crimen eran aún un misterio.
Por lo pronto, su familia se inclina más por la complicidad de aquella mujer extraña. “Para nosotros, ella tiene mucho que explicar”, señalaron.
En todo caso, por la forma en que lo mataron, con un tiro de gracia, se saca fácilmente una conclusión: tenía que estar muerto sí o sí. Alguien quería borrarlo del mapa para siempre. Visto así, venganza es la única palabra que se ajusta a los hechos. Ahora solo queda averiguar quién le puso un precio a su cabeza… y por qué.
¡MALDITOS ASESINOS!
Angélica Risco Ramírez, madre de la víctima, se enteró de la muerte de su hijo por la tarde. Un vecino tocó a su puerta y le dijo que le habían disparado, pero que aún estaba vivo, en el hospital Regional.
Desesperada por la noticia, Risco Ramírez corrió a ese nosocomio. Allí se enteró de la cruda verdad: su muchacho, el mayor, había muerto. No estaba en un quirófano luchando por vivir, tal como ella se había imaginado. No. Estaba en la morgue. Al ver el cuerpo, Angélica rompió en lágrimas.
Quien también se encuentra conmocionado con la pérdida es su padre, Juan Saldaña Díaz, comerciante ambulatorio. Saldaña Díaz precisó que el muchacho deja dos niños en la orfandad, de 4 y 3 años.
Los restos de Alexander Saldaña Risco serán sepultados esta tarde en el cementerio general de la Esperanza.
Trabajador de la Esperanza es Asesinado
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abril 04, 2011
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